viernes, 22 de octubre de 2010

EL CUERPO PARA EL OTRO

Por Melina Dassano

Más allá de las necesidades que tienen las sociedades en las diferentes etapas históricas, existe una especial conexión que cada época va a generar, entre el vestido, el cuerpo, la sociedad y la naturaleza. El cuerpo soporta el vestido de moda en el que el mismo ha impuesto sus privilegios sin considerar la confortabilidad y bienestar del cuerpo. En el marco de la cultura de la imagen todas las miradas y cuidados confluyen a ese cuerpo, solo conformado por la mirada del otro. Como el cuerpo es a la vez vidente y visible para los otros, puede mirarse a si mismo en un espejo. El vestido por su parte, alejado de los mandatos autoritarios de la moda, puede recuperar el ejercicio del ritual y por lo tanto entabla con el cuerpo, diferente discurso. Las presiones sociales se darán entre personas que quieran cambiar su heterogeneidad y por lo tanto su identidad, en sus cuerpos y objetos.

La percepción espacial compartida, apelará a diversos elementos para lograr afianzar la identidad de las personas. Siglo XIV, existía una relación coherente entre cuerpo y vestido, la lógica de la moda Adquiriendo el cuerpo un mayor protagonismo. Con la revolución comercial el hombre centra su mirada en sí mismo y descubre su cuerpo.

En las razas más primitivas existen cuerpos que no se visten, pero no pueblos que no se decoren. Porque la finalidad de la decoración es embellecer las apariencias físicas, de manera de atraer la mirada significativa de los otros y fortalecer la autoestima. El cuerpo decorado era en sí mismo la principal forma de arte. Por lo que existía una diferenciación del vestido según el lugar que se ocupara en la escala social. Por un lado la ropa propia de los hombres, mujeres y niños y por la otra la ropa de los esclavos. Siglo XV surge el concepto del pudor, que impulsado desde lo social tiene la reaparición cuando se producía el abandono del vestido estable, artístico y ritual. Instalaba en ese entonces la visualización de las diferencias sociales. Siglo XVI y XVII con la constitución de una sociedad civil. El vestido en el marco de una cultura del espectáculo, a la cual el cuerpo obedecía.

Hay procesos que animan el campo de la imagen como como metáforas y personificaciones. Ese cuerpo que es solo en función de lo social, que necesita recuperar las distintas visiones de los otros para configurar una totalidad como representación nada más que del poder, un cuerpo donde el vestido ya le ha disputado su dominio absoluto. Siglo XVIII Un estilo rococo muestra un cuerpo que aparece como un elemento de tramoya. Careciendo de individualidad, es la inserción del espacio del maniquí. La crisis provocada por la disolución del marco jurídico institucional, impulsaba la muestra al pasado para buscar inspiración.

Siglo XX La sociedad industrial va a castigar al cuerpo para destacar la supremacía de poder de un vestido conformado según las tendencias de la moda y a visualizar el vestido como un objeto seriado. Por lo que se crea una estrecha visión del mundo y la forma de percibir el cuerpo. es el protagonismo del movimiento del cuerpo, el vestido simplificado y sexuado, se subordina y acompaña el ritmo de la loca celebración. La posmodernidad crea la multiplicidad de máscaras que al simular identidades, impulsan a descreer de los aspectos formales. La función mercantilista de un cuerpo de múltiples servicios a cumplir, con la transformación de redes cibernéticas. Tanto la prenda pesonalizada a partir del cuerpo como el vestido inteligente, conformarán una fluida corriente entre la identidad, los sentidos y el entorno. El nuevo diseño será capaz de responder con eficiencia al informe de los datos de un cuerpo, que habrá aprendido a construir su identidad más allá de lo social.

La sociedad actual impone su juego. Ha triunfado la estética masiva del hombre medio. Por lo que la sociedad necesita de los creadores de imágenes que saben diseñar y comunicar las correctas necesidades de las personas, capaces de armar escenarios cambiantes y festivos. Siglo XXI, el mejor cuerpo será aquel que corresponda a la conformación natural de cada persona. el cuerpo se interesa en potenciar sus funciones y debe apelar para ello a las prolongaciones de sí mismo. la recuperación del vestido como rito individual y la aparición de prendas inteligentes, la novedosa relación cuerpo-vestido. Una relación muy íntima pero con cierta independencia. Un cuerpo que al emitir sonidos multiplique las sensaciones de confortabilidad y placer, que al mismo tiempo a potenciado su sensibilidad. Se promueve al mismo tiempo la recuperación del sentido primitivo y original de un cuerpo en armonía con el universo.

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