viernes, 22 de octubre de 2010

PSICOLOGÍA DE LA MODA


¿Como elegimos?


Qué viste cuando me viste en la vidriera? Si esta pregunta la hiciera alguno de los pantalones que cuelgan del placard, se le podría dar una cantidad de respuestas simples: "Te elegí por el color, por el diseño, porque estás de moda o porque me quedás muy bien." En épocas de crisis, también el precio puede ser una buena razón. Pero hay otra forma de responder a un interrogante que, a primera vista, parece fácil de contestar. ¿Qué es lo que nos lleva a optar por una prenda entre miles? "El acto de elegir la ropa que usamos está relacionado con los sentimientos, con recuerdos, situaciones y motivaciones de la infancia." Así es como Susana Saulquin, especialista en sociología de la moda, comienza a despejar el interrogante. "Si fui feliz con una prenda, esa imagen cristalizada queda asociada, por ejemplo, a un color." Puede resultar que si una se sintió atractiva o exitosa con algo violeta, use a menudo ese color, ya que lo relaciona con situaciones placenteras. Además, como los ciclos de la moda se repiten cada 18 años —y las formas, los colores y los materiales de las prendas retornan—, uno puede reencontrarse, por ejemplo, con la ropa que, de chica, le robaba a su mamá y vuelve a adoptarla, sintiendo así la satisfacción que sentía cuando se vestía "de grande". Este mecanismo es tomado en cuenta por los diseñadores, que reeditan las prendas, con cambios, apelando a esas imágenes guardadas en nuestros recuerdos.

Por eso, no todo está relacionado con estar a la moda. Ahora, las tendencias se diversificaron y ya no hay un solo modo de vestirse. Se puede optar por diferentes estilos y el grupo de referencia ejerce una gran influencia en el momento de elegir qué usar. Si uno admira y se identifica con alguien, tiende a vestirse como esa persona. "¿Cómo quién quiero ser?" sería la pregunta, inconsciente, que uno se hace. "Si el referente usa algo, se da un proceso al que Sigmund Freud llamó de proyección-identificación", explica Saulquin. La ilusión de parecerse a ese personaje que nos resulta atractivo, a veces opera de tal modo que nos lleva a comprarnos la remera que está usando, o alguna prenda de la marca que lo viste.

Diseños con personalidad

A partir de la crisis económica que hizo eclosión en diciembre de 2001, algunas tendencias en el campo de la moda y del consumo se intensificaron. Ya no se compra compulsivamente, los productos argentinos están siendo revalorizados y los diseños de autor ganan posiciones. Bien distinto de lo que ocurre en los Estados Unidos, donde se produce un fenómeno que algunos bautizaron "macdonalización de la moda". Esto es: comprar ropa a montones para usarla sólo un par de veces y reemplazarla rápidamente. "En la Argentina estamos al revés del resto del mundo. En Europa y los Estados Unidos se compra por comprar, acá se transformó en un acto más pensado", declara Saulquin. "La cultura de masas se está terminando, y está dando paso a un fenómeno totalmente distinto —opina—. Hay una necesidad de ser diferente que se enfatiza cada vez más. La situación económica contribuyó a este movimiento, ya que la gente, ante la desesperación, apela al diseño individual, recicla, desarma y vuelve a armar." En el mismo sentido, la diseñadora Turquesa Topper, especializada en el análisis del discurso de modas y tendencias, señala que aún en aquella porción de la sociedad que puede invertir en moda, nuestro país no admite planteos de indumentaria descartable. "No sólo por razones culturales, sino eminentemente económicas".

Para Diego Medinaceli, de Oma Design, hay una inclinación a buscar productos personalizados "y a un precio más accesible por parte de la clase media." Los números de los eventos que organizan hablan de un gasto de $ 120 por persona que visita esta suerte de feria de diseño itinerante. En Palermo Hollywood, los locales de diseñadores jóvenes se multiplican, y ahí los precios no son tan distintos a los de los locales de las principales marcas. "Aunque esta ropa de autor tenga un precio parecido al de las marcas reconocidas, la gente prefiere comprar menos, pero tener un toque personal", completa Saulquin. Tal vez esto ayude a entender la aparición, y el éxito, de las ferias de diseño. Eventos que ofrecen un espacio diferente al tradicional shopping, definido por el sociólogo francés Marc Augé como un "no-lugar", un sitio sin historia ni identidad definida, categoría que comparte con los aeropuertos y las cadenas de comidas rápidas, entre otros, y que poco tienen que ver con la individualidad y la diferenciación.

Pero no todos opinan igual. Para la diseñadora Turquesa Topper, la diferenciación no es tal. "El auge de la supuesta personalización en cuanto al consumo de diseñadores alternativos (entre comillas), no es más que otra tendencia de alta homogeneización. La preocupación desmedida por vernos diferentes produce la inevitable igualdad, el exceso de cierta visibilidad genera lo invisible", afirma, contundente.

En busca de la vanguardia o no, pareciera que por múltiples razones la consigna es diferenciarse. A causa del fin de la cultura de masas, como plantea Susana Saulquin o, como dice Topper, porque necesitamos que los detalles de la indumentaria nos distingan, más ahora que los cuerpos y los gestos parecieran actuar como prenda común. Frente a las vidrieras, hombres y mujeres toman decisiones. Piensan, evalúan, eligen. De acuerdo a la edad, las posibilidades económicas y también a la imagen que quieren proyectar.

Entonces, si a nuestra campera favorita se le ocurre preguntar por qué la elegimos, habrá que descolgarla, ponerla cómoda y desplegar todas las razones posibles. A lo mejor, la convencemos de que no sólo nos pareció "linda y barata".

Fuente: Paola Aguilar

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