domingo, 27 de marzo de 2011

El rol del productor y realizador de medios en la sociedad.

Por Melina Dassano

Me confunde los múltiples roles que cumple un profesional en esta sociedad. Falta como un criterio concreto, como saber el lugar que uno ocupa y estar seguro de que podremos estabilizarnos de una buena vez. Mi punto de vista del profesional es sin profesión, del lector de títulos y el hacedor del conocimiento global. La invasión de la información nos ha vuelto desinformados, tanta es la necesidad de conocer un poco de todo, que no podemos especializarnos en nada. Las disciplinas nuevas viven en esta constante fluctuación de la noticia, que distrae al periodista de la investigación para ser vocero y recopilador de datos. Lo cual entorpece el interés en los profesionales de nuestros días. No hablamos de que estamos siendo menos analíticos si, menos profundos. Las distintas disciplinas se retrasan en su campo de acción para adaptarse a los negocios tecnológicos que están a la orden del día, lo bueno es en esta etapa de actualización la continua capacitación que se recibe, si queda tiempo, lo malo es no poder ejercer por completo la profesión en la única dirección que nos formaron.
Hoy la educación está dando un vuelco en cuestiones académicas, se está comercializando el conocimiento, la mercancía de los 90 nos está avasallando en el campo de juego y nadie dice nada, eso se llama inflación del conocimiento compartido y distorsionado por quiénes sin educación superior son ávidos en los negocios, tanto como para no necesitar a profesionales preparados. Tal es así que no estamos logrando contabilizar el tiempo, más allá de lo que hagamos para vivir, para progresar, la experiencia es corta, los puestos son fáciles de reemplazar, no hay estabilidad laboral muchas de las veces. No es malo asumirnos en la crisis de identidad, que no es lo mismo la inseguridad que nos acecha, porque quienes nos formamos estamos seguros que queremos ser, cuando y donde, pero hay una no leída y alarmante situación social de quienes solo trabajan para desviar nuestra atención y así hacer sus negocios. Sólo podemos reconocer que hoy un profesional en su puesto de trabajo y aún más como independiente debe de dejar la vida para alagar a su jefe, al cliente, saber hacer más de lo que la ciencia lo prepara para que nadie venga a reemplazarlo sin experiencia o para que simplemente aquel que no conoce de la disciplina lo contrate sin tantos rodeos. Tendremos que ser grandes creativos para poder negociar y tratar de gustar al otro en esta vorágine historia del siglo XXI. Nadie habla de crisis, pues entonces a nadie le interesa el cambio, porque aquel que se queja tampoco asume su pobreza y participación en este planeta, solo lo hace desde su necesidad, una y tantas veces complacida. Es la era de la versatilidad, pero aún no llegamos a comportarnos como verdaderos seres humanos liberando los campos de acción, para dejar trabajar a quién lo necesite y a quién disponga de ese conocimiento. Los profesionales ya no se sienten útiles, aunque mantengan la convicción de poder extender su idea, como su trabajo, por suerte nos podremos jubilar como amas de casa o camioneros.

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